La experiencia del camino

Ese día en Playa do Rostro avivó en mi el deseo de seguir adentrándome en aquellos parajes. Era como una llamada que se convertiría después en una necesidad cada vez que finalizaba una de sus etapas.

Me quedaba un trayecto de 200 km a través de escarpados acantilados, playas, montes y pequeños pueblos marineros donde se mantiene viva la esencia de lo auténtico. Ideales para compartir la experiencia con sus habitantes alredor de una copa de vino. Y que me trasladaban, sin yo saberlo, a cómo debían ser aquellas primeras tabernas ourensanas en las que mi abuelo vendía el vino que con tanto mimo elaboraba.

1ª ETAPA: Malpica – Niñóns

El 16 de marzo llegamos a Malpica para iniciar algo que cambiaría la perspectiva que tenía de la Costa da Morte. Me acompañaban varias personas que grabarían la experiencia y me ayudarían a contároslo.

Esta primera etapa comienza con un tramo relajado que va desde el puerto y continua por el paseo marítimo de la playa. Un inicio que no deja imaginarse lo que nos encontraremos después de llegar al Cabo de San Adrián. A partir de ahí bordeamos la costa por la zona de acantilados, aún suaves, y con la presencia constante de las Islas Sisargas a nuestra derecha. Hasta llegar al primero de los faros y curiosamente, el último de los que se construyeron en Galicia. Con el inauguraremos la serie de etiquetas que visten el vino del Camiño dos Faros con cada uno los 8 faros que coronan cada etapa.

Saliendo de Nariga nos esperaba la primera de las sorpresas: subir por las escarpadas piedras a ras del acantilado, mientras debajo nuestra azota con fuerza el mar. Un trozo de costa agreste y solitario que hizo que alcanzar la playa de Niñóns fuese uno de mis días más felices. Y la sensación de haber encontrado el paraíso.